Tres años, cinco meses, cuatro días


La escucho absorto, a lo lejos, como si estuviera a diez metros de distancia. O veinte. De hecho, a veces, sus palabras se van alejando, poco a poco, hasta que su voz se diluye en mis propios sueños. Entonces encuentro la paz.
Cada día me cuesta más prestar atención a lo que cuenta. Se dedica a relatar, minuciosamente, qué ha comprado, dónde o si ha quedado con alguna de sus amigas. Que si el tete ha decidido que estudiará ingeniería. Que me echa de menos. Que todos están impacientes por mi regreso.
Papá no viene tanto, o al menos, si lo hace, no habla demasiado. O casi nada. Ella, mi madre, nunca falla a su cita. Cada día. Eso me parece a mí. En mi cabeza, se dibuja su expresión de horror justo en el momento que se cruzó el camión.
Ha pasado el tiempo suficiente como para plantearse una solución digna, insisten los médicos. Ella siempre fue una persona llena de esperanza. Y de culpabilidad. Yo, espero que al fin les haga caso.

El del entresuelo segunda

El contenedor de orgánica sería el más adecuado. Pero no, ni tampoco en los de al lado. Igual que el azul, demasiado accesibles. Por el verde no caben, el agujero es demasiado pequeño.
El hedor era, más o menos, siempre el mismo. Se encaramaba desde el entresuelo, por el patio de luces, hasta mi balcón, en el segundo piso. Para subir las escaleras, cogía aire e iniciaba un ascenso veloz por los escalones, de dos en dos, hasta mi puerta, dejando atrás ese aire repugnante justo al cerrarla.
No era el único problema. Me lo encontraba a menudo en la calle, justo a la salida del edificio. Era imposible escapar.
-Què, nen, ja veig que t’has comprat un congelador molt gran! Ostis nen, com va costar que el pugessin per l’escala. Quin congelador, tu. T’has comprat un de gran, eh? Ja els hi deia jo, als del Miró que els hi costaria de pujar per l’escala…
Siempre parecía a punto de ahogarse con sus propias palabras. Yo, era incapaz de aguantar la respiración el tiempo suficiente. Con sólo pensar en él, un cúmulo de vómito y de odio se amontonaban en mi garganta.
-Jo, nen, n’he vist molts de congeladors, sí. Uix, si jo t’expliqués. Jo, és que he treballat molt. Jo, quan treballava a l’escorxador…
El olor poco a poco va desapareciendo. Ya hace tres días.
Malditas bolsas, se me están quedando las manos azules del frío. El amarillo. El hueco es suficientemente grande, pero no se puede rebuscar dentro del contenedor. Lo encontrarán antes de que se descongele, ya en la planta de reciclaje. Definitivamente, el amarillo.

Las piernas


-No, te he dicho que aún no. No vamos a reconocer una mierda. No, escucha, escucha, sí, ya, pero… -No para de mirarme, con esa cara de tonto. Joder, menuda pinta de retrasado que tiene-. Mira, si hacemos ahora una rueda de prensa, estamos muertos. Muertos…
El puto subnormal sigue mirando. Me está poniendo nervioso. Con esos ojos, que miran al vacío, pero a la vez te observan.
-Que no, si reconocemos que los síntomas están asociados al medicamento, no tendremos nada que hacer… Espera, tengo otra llamada. Un segundo. Ah, hola, cariño, sí, sí, claro, cómo se me va a olvidar. Sí, el partido del niño. Sí, a las siete. Que no, esta vez iré. Sí, sí, llegaré a tiempo… Oye, estoy ocupado, tengo un asunto importante en la otra línea. Sí, venga, hasta luego… Perdona… ¿Hola? - Mierda, se ha cortado.
Bueno, al menos se ha girado. No aguanto esa cara de bobo. Otra vez. Esos ojos, abiertos, inexpresivos, mirando fijamente. Además, parece que le cae un hilillo de baba de la boca.
-Sí, ya… La cobertura, supongo, sí, sí, mucho diseño y luego… Bueno, tú exponlo en el Consejo… Defiende la postura -Joder, vaya frenazo. Menudo conductor de mierda-. ¡Ey!, perdona… ¿Qué dónde estoy? En un autobús… sí… No te rías, es en serio… Nada, que se me ha averiado el BMW…  Sí, ya… Pues me llamas cuando salgas… Vale, ciao, hasta luego.
-¿Siempre tienes que estar enganchado al móvil?
-Querida, no me jodas. Tú eres peor. Menudo día, ¿eh? Se te estropea de golpe el iPhone y el Mercedes. Seguro que están medio locos, en tu oficina, intentando localizarte. La próxima vez te paso a recoger yo. Llegamos tarde.
-Bueno, mi secretaria me dijo que la reserva de la habitación era hasta las doce. Y por cierto, él no te estaba mirando a ti. Estaba mirando mis piernas.